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Simonía
¿Secta antigua?
Todos conocemos el famoso pasaje de Hechos
8.4-25, en donde se relata la "conversión" de Simón el
mago. Simón era un comerciante, pero no uno cualquiera, sino uno
que comerciaba con el producto más delicado a los ojos de Dios: el
alma humana. Simón engañaba a la gente con su magia para hacerla
creer que él era alguien de importancia en el reino de Dios. Simón
no hacía acepción de personas; dirigía su campaña de
mercadotecnia a todos los grupos: "desde el más pequeño hasta
el más grande" (v.10). El impacto de su campaña era tan
fuerte que llegó a ser conocido como "el gran poder de Dios".
Simón hacía todo esto con un solo propósito: enriquecerse a costa
de la ingenuidad de ciertas personas. A este maligno propósito se
le llegó a conocer como simonía.
Lastimosamente no estamos hablando de una secta
antigua, sino de una secta que ha perdurado a lo largo del tiempo
bajo muy diferentes disfraces. Hoy día la secta está más fuerte
que nunca. Pero lo más preocupante es constatar que el pueblo de
Dios sigue siendo ingenuo, y sigue llamando "gran poder de Dios"
a lo que en realidad es el gran poder de Satán. Simón se ha
multiplicado por miles, y son muchos los que permanecen atentos
(vv.10,11) a todos sus mensajes.
Seguimos teniendo magos que con sus artes
mágicas engañan a muchos y por mucho tiempo (v.11). Le hacen creer
a la gente que son ”alguien importante" cambiando de cuando
en cuando sus nombres; van mudando de "siervos" a "pastores",
de "pastores" a "profetas", a "apóstoles",
a "ungidos"... y así hasta hacerle creer a todos que son
"el gran poder de Dios".
Cuando Simón vio lo que hacían los apóstoles,
su espíritu mercantilista se despertó. Si con magia lograba
engañar a todos, qué no haría si tuviera el don del Espíritu
Santo. Simón no quería el Espíritu Santo para convertirse en
siervo útil en las manos de Dios, sino para vender su "presencia"
entre la gente.
Los simonistas de ahora siguen el mismo
patrón, sin embargo, la multitud no se da cuenta; al contrario son
más ingenuos que nunca. "El gran poder de Dios" y la
manifestación del "Espíritu Santo" se les vende a cambio
de una módica suma semanal, quincenal o mensual, pero no son
capaces de discernir el espíritu mercantilista. No son capaces de
recordar que la salvación y todos los dones y favores que Dios
ofrece a su pueblo son de gratis: «Sanen también a los enfermos.
Devuélvanles la vida a los muertos. Sanen a los leprosos, y
expulsen demonios de la gente. ¡No cobren nada por hacerlo, pues el
poder que Dios les dio a ustedes no les costó nada! Tampoco lleven
dinero ni provisiones para el camino. No lleven bastón ni zapatos
de repuesto ni ropa para cambiarse. Porque todo trabajador tiene
derecho a su comida» (Mateo 10.8-10, TLA).
Se me revuelven mis entrañas cuando veo y oigo a los simonistas
de nuestra era, por eso uno mi voz a la del apóstol Pedro, y al
simonista descarado le digo: «¡Vete al infierno con todo y tu
dinero! ¡Lo que Dios da como regalo, no se compra con dinero! Tú
no tienes parte con nosotros, pues bien sabe Dios que tus
intenciones no son buenas» (vv.20-21, TLA).
José Soto [Pastor Iglesia
Bautista de 5 Esquinas, Presidente F.A.B.C.R
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